Se diría que todavía meces los ojos entre los derrumbes. Qué encuentras allí y no aquí (entre los despistes de la cotidiana angostura ¿simulacros, orlas, recalcitrantes espejismos, tenues nidos repletos de gusanos muertos: (alimento no vayan a pensar. Debe existir una razón para todo éste desvarío. Y se diría que todavía escarbas escarabajo escabroso. Ya no importa si cigarra u hormiga o ave pasajera y lenta de estío. Porqué aún es todavía, siempre. No se puede otra cosa más que esta. Una razón pasajera que cifre en hileras perfectamente paralelas el candor de la luna de marzo o el ardor de unos pechos diminutos y una boca ensimismada. Y lo demás son horas muertas. Salas de espera. fluorescentes desdentados. Camillas vueltas del revés. Sábanas ásperas y asfalto derrotado o quizá seguidillas asonantes. Siempre hay un escenario. Un ring. Y contendientes, siempre hay púgiles y damiselas semidesnudas que marcan el the end de los capítulos. Recontemos los puntos........ que sumamos hasta ahora. Gusanos muertos, fluorescentes, sanatorios, hileras perfectamente paralelas. Y que más, debe haber algo más. No detenerse, es muy importante no detenerse. Aunque te detengas en éste preciso instante, la trampa, esa es la trampa, ustedes no lo aprecian pero esa es la trampa, detenerse. Embusteros. Embistes. Embudos. Embudos, sí, embudos. Hay que darle cauce al río. Te da lo mismo si es el mismo río siempre o cambia a cada instante, hay que darle cauce. Existen ríos navegables y los cocodrilos duermen con los ojos abiertos y rojos y brillantes, no vaya a ser que se conviertan en el ocaso de la cadena alimenticia. Eso no, nunca. Nunca alimento, siempre depredando, aunque el colirio, las resacas, incluso aunque los recuerdos escarabajo escabroso. Fuego, ráfagas, explosión. Humo y derrumbes. Mecer los ojos entre los derrumbes. Que así sea. ¿Para que así siendo. Vanitas vanitatum omnia vanitas. Si nadie nunca. Esternón melodramático. Saturación de gases gastroenteríticos. Explosión. Humo y derrumbes.
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